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August 27, 2019

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Crisis del Agua en Europa

La unión Europea es un conjunto comunitario compuesto por 28 países y 508 de los 740 millones de habitantes que tiene el continente (10% de la población mundial) lo que la hace (en conjunto) la mayor potencia del mundo a nivel económico y político.

 

Los europeos son pioneros en acciones que buscan revertir los impactos atmosféricos generados por el uso de combustibles fósiles. Es por esto que la mayoría buscan hacer una transición de la industria y los vehículos a sistemas eléctricos. Por esta razón se han reducido notablemente las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que, por otro lado, la demanda de energía ha incrementado significativamente.

  

Si bien hay progreso con respecto al pasado, actualmente Alemania y Rusia son dos de los 6 países más contaminantes a nivel mundial (principalmente porque gran parte de la energía que consumen viene de plantas de gas natural y tienen una industria que genera grandes cantidades de residuos). Estas acciones de producción tienen repercusiones en el aire contaminado de las zonas y en los recursos hídricos, las cuales serán los ejes centrales del enfoque del actual documento.

 

Europa, a diferencia del continente asiático, recurre a las fuentes hídricas superficiales para captar el recurso, es por esto que el 81% del agua dulce proviene de ríos y lagos. Los ríos son, precisamente, las primeras fuentes hídricas que se ven expuestas a residuos de tipo contaminante en Europa.

 

Es por esto que, el más grande de ellos,  el río Volga con sus 3.530 kilómetros, es un río fundamental para la generación de energía hidroeléctrica y el riego de los campos en Rusia. Este río ha venido presentando problemas muy graves, debido a que se han vertido accidentalmente grandes cantidades de petróleo y de químicos tóxicos, sin mencionar los muy altos niveles mercurio, hierro y níquel que presenta.

 

Debido a lo anterior, el gobierno ruso identificó la necesidad de implementar programas de limpieza de su río, para lo cual es necesario invertir 480 millones de euros. De igual manera, han realizado inversiones concernientes al desarrollo de un biosorbente que elimine la contaminación generada.

Tristemente, no es el único caso, pues de los 55 ríos europeos más importantes, 50 están contaminados y no pueden ser usados como fuente de agua potable.

 

Un ejemplo claro de lo anterior es el segundo río más grande de Europa, el río Danubio, el cual transporta anualmente 1.533 toneladas de residuos contaminantes al Mar Negro.

 

El río Danubio es posiblemente el río europeo más importante, debido a pasa a través de un extenso territorio, en donde 10 países se ven beneficiados de su caudal. No obstante, las aguas del Danubio se han vuelto cada vez más turbias, y en gran medida se debe a que es el destino final de los drenajes aguas residuales, de químicos y de pesticidas contaminantes. Este río, como otros principales en la región, ha comenzado a tener una nueva amenaza, la cual es el aumento significativo que ha tenido el transporte fluvial en Europa en los últimos años, el cual se espera que se duplique en menos de 10 años.

Tanto Alemania como Austria, los dos países que tienen la cuenca alta del río, contribuyen en una gran escala en la generación de residuos de plástico, debido en parte a que muchas de sus empresas tienen sus plantas de producción muy cerca del río. Lo anterior hace que, de aquel famoso “Danubio Azul” del que tanto se habla en obras literarias, solo queda el nombre; hoy es un río turbio y contaminado, con un menor caudal al de ese entonces.

 

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en uno de sus informes, afirma que, pese a las acciones en pro de la mejora de la calidad del agua de lagos, ríos y fuentes subterráneas, la extracción excesiva sigue siendo una amenaza para la salubridad y el suministro de agua. Es por esto que las autoridades ambientales han absorto a los países involucrados en la generación de residuos contaminantes a las fuentes fluviales, a contribuir para la descontaminación del río. Lo anterior es una necesidad que se ha planteado desde hace más de 10 años y no ha avanzado como debería debido a la falta de interés en el tema.

Otro de los problemas más significativos que tienen los europeos con respecto al agua, es la sobreexplotación. Esta es una actividad que no es sostenible, desmejora la calidad y la cantidad de agua, debido a que existe una dependencia de los ecosistemas por los recursos hídricos, y, estos mismos dependen, de igual manera, de los ecosistemas para su subsistencia.

 

La ecuación es simple; si hay deforestación, extracción de minerales y contaminación, el agua disminuye su volumen. Si el agua disminuye su volumen, el nivel de riego no es el suficiente para alimentar la vida vegetal y bajan también las precipitaciones, por lo que la deforestación incrementa.

 

Es importante tener en cuenta que Europa tiene un 60% de sus fuentes de agua dulce con nivel de calidad ecológico que no puede ser considerado bueno y que el 44% del agua se emplea en la generación de energía, el 24% para la agricultura, el 21% en redes domésticas y el 11% en la industria. Sin embargo, existen zonas (en especial en la parte sur del continente) en las que la agricultura logra disponer de hasta un 80% del agua.

 

El continente europeo tiene destinado hacer la inversión de 180.000 millones de euros en centrales hidroeléctricas para antes del 2030. La razón de estas inversiones es el altísimo retorno frente a la inversión que este tipo de proyectos genera. Actualmente el sector hidráulico obtiene 38.000 millones de euros anuales, cantidad que se espera pueda subir en 2030 incluso hasta los 90.000 millones. También se espera que el sector crezca lo suficiente como para generar más de 30.000 nuevos empleos.

 

Al tener represas, se disminuye el riesgo de generar inundaciones, ya que las represas disminuyen el caudal, controlando el flujo de agua que pasa. Aun así, genera la problemática inversa, y es que muchas veces en verano, las represas deben trabajar con un menor volumen de agua, por lo que deben retener más el recurso y esto genera que las sequías río abajo sean más drásticas.

 

El Embalse de Oiola, la reserva hídrica más importante de España, ha tenido que desarrollar toda una estación de tratamiento de agua, debido a que el departamento de sanidad detectó la presencia de lindano (un tipo de insecticida/pesticida el cual está prohibido en todas sus formulaciones debido al inminente riesgo para la salud humana y el medio ambiente) en una muestra recogida.

 

Lo anterior obligó a interrumpir en 2008 la conexión de abastecimiento de agua, mientras se realizaron revisiones minuciosas en toda la estación de tratamiento de agua potable y en el embalse mismo. Posterior a 2 años y medio de estudios, la planta volvió a abastecer a la población.

 

La anterior situación sólo demuestra lo vulnerables que son los ecosistemas ante determinada sustancia tóxica. De igual manera, el detectar en un embalse la fuente del problema siempre es más sencillo que en un río, ya que este segundo durante todo su cauce recorre una distancia significativa, y actividades tan comunes como la agricultura afectan la calidad del agua río abajo.

 

Por otro lado, Europa solo tiene el 6.7% del agua dulce disponible del mundo, de ese porcentaje, la mayor parte se encuentra en Rusia, Noruega, Finlandia, Islandia y Suecia, mientras que otros países como Alemania, Polonia, Ucrania, Bélgica y Holanda tienen un volumen de agua per cápita deficiente.

 

La necesidad de los europeos de cambiar su situación es una prioridad, razón por la cual muchas entidades gubernamentales se han puesto en la tarea de realizarle tratamiento a las aguas residuales, de manera que la calidad de agua está mejorando gradualmente. Como sabemos, el agua residual tratada es una fuente ideal para alimentar la producción agrícola o para uso de agua sanitaria, lo cual genera un ciclo de uso del recurso hídrico, mitigando el gasto de agua potable.

 

El primer paso para el cambio es caer en cuenta del grave error que se está cometiendo en cuanto a la gestión y uso del agua. Europa lo ha hecho, y han comenzado a cambiar sus hábitos de consumo del recurso hídrico. Adicionalmente, ven la completa necesidad de generar proyectos que mejoren la calidad del agua, porque de no hacerlo, saben que corren el riesgo de  entrar en un déficit de agua y, por ende, tener que importarla, lo cual implicaría enormes costos económicos, sociales y ambientales en el continente.

 

 

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